martes, 15 de mayo de 2012

89

Anoche la sentí sufrir otra vez...
- Te quiero, y te quiero bien.
Intacta blanca de vida, mejilla de luna helada, "yo también te adoro".
Ahora hurgas en tu campera -como siempre- agazapada en tus bolsillos.
Ves huir mi rostro destripado de frío.
Me sientes el corazón en un tajo, como dos pétalos podridos.
Yo, te palpo el cero disimulado en tu mímica mojada, esa que está llena de sentimientos que fueron tirados al mar.

- Si no fueras tan gran escritor ninguna mujer hablaría siquiera contigo.
- Pues vamos a follar entonces, respondí.

Rocío siente como la falda se le pega en los muslos.
" Te quería, pero no nunca supistes llegar hasta mí".
Y entonces...Serge abre sus brazos. Y con las pupilas más claras, y con las manos más tranquilas, piensa en una estrofa de palabras simples, simples pero bañadas en almíbar.
( ¡ Si tus ojos pudieran venir ! )
Acá, amor, acá. Ven, que te de-se-o. Pensemos en los dos. O mejor todavía, guardemos silencio para tomarle el pulso a todo lo que existe.
Ella alargó sus manos y apretó mi pensamiento contra su pecho.

Un amante escucha su última señal en el nombre de ella. Ninguno de los dos puede rehuir ese territorio anímico.
Es que hay olvidos que son tan tersos que hasta las lágrimas se sublevan.