martes, 21 de febrero de 2012

77

Aquella mujer salió y se puso a andar a mi lado.
Sombras mojadas recogen sus trozos. En general, eran grandes en todos los lugares adecuados. Una fotografía orinada por el clima...
La consciencia de Serge viaja por los estratos ilimitados que filtra el rastro de la multitud. En el bulevar, la tierra llega a su paroxismo. Se nutre de ella misma.
Rocío se siente sola, pero en ella todo se sucede. Está allí, donde estoy yo, es decir, en parte alguna.
Ahora todos los muros de la ciudad son vitamínicos porque el sol parece conservar su fuerza anterior al diluvio.
¿ Hay una refracción húmeda que cubre la piel de mis brazos ?
¿ Está ella en la postal de mis paisajes a tamaño natural ?
La pasión tiene su luz muy alta. Se dilata y entrechoca como un aeróstato. Una extraña tiene nalgas que agitan sus masas bajo la pálida lumbre de unas gotas de agua que se palpitan, sulfuradas.

- Yo también estoy solo y no te veré esta noche.

Es así la extraña relación del mundo con el mundo. Hay ojos en los que ha llegado a doler una hierba. Es que ya la alegría no es idéntica a ella misma. Hay costuras bajo la luna que parecen ser de uñas comidas. Esa mujer, por ejemplo, es un escaparate que necesita de una dosis de oxígeno.

- Cuando la soledad maulla, una sonrisa de dientes abiertos retorna punzandote, por aquí o allá.


Entonces soñé con una prostituta en un colegio sobre ruedas.