lunes, 23 de enero de 2012

73

Me puse los vaqueros y me pasee por el puerto todo el día. Como con un alfiletero de corazón. Y recordaba entonces tus pies arqueados. Y cuando te hibas, me crecía desde ellos el no verte. En ese silencio de hueso. En esas colinas de plata marítima. En donde ganar o perder tu rostro. Un mar de nieve sofocada invocaba mi fotografía en tu boca. Me gustaba haraganear, así, por allí.

- ¿ Qué hacer ? ¿ Qué hacer ?

Rocío, necesito tu voz para tallar tu imagen. Una respuesta que sepa volar por sobre ventanas y azoteas. Que extienda su cuerpo mas allá de las vajillas que han tocado tus manos. Encendida por dentro. Y por debajo de tu piel, hacerla una zona en mi alma.

- Soy el coño suave y arrugado, fragmentado, donde puedes consultar ahora quién eres...

Serge se queda viviendo, mientras el tiempo lo recorre. De pronto, se soporta como un mueble extraño detenido en la calle.
Un insecto se golpea en los rieles por donde salen los trenes. Se muere en una queja taciturna.

Sólo tus senos saben andar contra la muerte.